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Historia.
Amor
de Dios es un centro emblemático del Flamenco y de la Danza Española.
Creado en 1953 como estudio de ensayo para la compañía de Antonio el
Bailarín, recién separada la mítica pareja Rosario – Antonio cuenta
con una historia próxima a los cincuenta años con un extraordinario
prestigio a nivel mundial.
En
sus aulas se han formado y/o han estado vinculados los nombres más
prestigiosos de la danza española y el flamenco desde Antonio Gades a
los actuales Antonio Canales, Javier Barón, Joaquín Cortés, Sara
Baras, Belén Maya, pasando por Victoria Eugenia, Merche Esmeralda,
Cristina Hoyos, Carmen Cortés y muchos otros.
En
Amor de Dios tuvo su primera sede el Ballet Nacional de España y
ostenta la medalla al Mérito en las Bellas Artes del Ministerio de
Educación, Cultura y Deportes.
Escuela
adaptada al mundo artístico al que sirve. En este centro se han formado
gran parte de las figuras más importante de estos géneros de las últimas
generaciones.
Instrumento
de primera magnitud en la difusión de estas formas culturales españolas
hacia el exterior, a lo largo de su historia ha contribuido a la formación
de varias decenas de miles de practicantes provenientes de todas las
partes del mundo.
Su
imagen está recogida en cine y en documentales de cadenas de televisión
de gran número de países europeos, EE.UU, Canadá, Latinoamérica,
Corea y Japón, (Carmen de Carlos Saura, Alma Gitana de Chus Gutiérrez
o Flamenco Women del británico Mike Figgis ( director de Leaving Las
Vegas).
El
activo más importante de Amor de Dios son sus maestros: Desde el jotero
Pedro Azorín a María Magdalena, Tomás de Madrid, Ciro, El Güito, La
Tati, Manolete, La China, Paco Romero, a los jóvenes maestros: Belén
Maya, Antonio Reyes, Belén Fernández, Rafaela Carrasco, Domingo Ortega
y otros.
El Promotor.
Los Maestros
Maestros
de Amor de Dios son aquellos que reúnen las condiciones de prestigio,
vinculación histórica al centro y asiduidad en la relación con el
mismo. Sin requerimiento de títulos oficiales, la consideración de un
nuevo maestro de Amor de Dios debe contar con la aceptación mayoritaria
del conjunto de maestros.
Los
beneficios derivados del estatuto de maestro no pueden incluir ventajas
de orden económico en las cuotas de utilización de servicios.
Los mismos estarán en las prioridades de elección, en el
derecho de ser consultados en las decisiones de transcendencia en la
gestión de los estudios y en los de notoriedad y prestigio.
El Director.
Joaquín San Juan,
natural de Piélagos (Cantabria), encuentra el flamenco a los
veinticinco años en
Madrid, donde reside desde niño. Desde entonces inicia, como cualquier
aficionado, una incesante búsqueda del mismo que transforma sus
convicciones sustancialmente. Los primeros años lo hace en solitario,
asistiendo a recitales y espectáculos, escuchando discografía y
leyendo todo lo que cae en su mano; y después inmerso en el mundo
organizado de las peñas flamencas de Madrid, fundamentalmente en la Peña
de Los Cabales a donde llega de la mano de su amigo Antonio Moreno,
donde adquiere conocimientos y talantes de la mano de grandes
aficionados: Juan Díaz, Paco Matamoros, Yayo, Juan Ruiz, ..., y de la
que es directivo en diferentes etapas hasta 1992 en que es nombrado
presidente de la Federación de Entidades del Flamenco de la C. A. de
Madrid.
En la etapa de su
presidencia, la Federación lidera el movimiento de salvamento del histórico
Amor de Dios y, una vez conseguida la continuación de las actividades
del Centro en el local de Fray Luis de León y cumplidos los compromisos
económicos de la instalación, acaba su mandato en 1994 y
pasa, por petición de la Federación, a desempeñar el cargo de
director del Centro, del que se ha responsabilizado hasta la fecha.
En su ideario
flamenco tiene como objetivo personal la búsqueda de la cabalidad,
concepto que aunque un poco en desuso, en
épocas de prisa, considera la piedra filosofal de este arte y,
sobre todo, de esta forma de existir y relacionarse. Como objetivo
profesional se impone aportar a la tarea común de que el flamenco, la
danza española y el conjunto de músicas, danzas, artes y tradiciones
populares sean difundidas por el mundo y transmitidas a las siguientes
generaciones, apoyando la
labor creativa de los artistas, en quien considera que recae la
responsabilidad fundamental del futuro.
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